El mundo de hoeman

"Da igual. Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor."

sábado, octubre 01, 2011

Crónica personal: Valencia-Granada (1-0)

Partido mil veces visto en Mestalla (y no sólo en la época Emery); dónde un equipo al "tran-tran" se impone por la inercia positiva que le ofrece jugar en casa y la superior calidad de sus componentes. Este Valencia, mil y una veces visto, es como esa añeja atracción de feria, denominada el tren de la bruja, donde el impasse y la situación previa (nervios y temores se acumulan) se imponen hasta llegar a un estado de sobreexcitación, y también, de excesiva sensibilidad que encauza al niño a vivir el susto como si realmente fuera terrorífico. Pero una vez lo piensas fríamente, ya más mayor, te das cuenta que la bruja en realidad no era más que una tía buena que se disfrazaba de fea, a veces sin conseguirlo; o que los enmascarados asustadores no son tan altos y tan musculosos como creíste; o que las chicas de la entrada/salida además de destacar por su simpatía lo hacían por sus generosos escotes, como reclamo conjunto para niños y padres. Así ha sido esta tarde este Valencia, un equipo en el más profundo estilo Jekyll y Hyde, o una de cal y otra de arena. (Ha engañado a su adversario)

Tras el nefasto, horroroso, zafio partido de Liga frente al Sevilla, en el que debemos incluir un "ataque de entrenador" de Emery, quizá queriendo emular al idolatrado War-diola; el encuentro frente al Granada comenzó de forma inmejorable, donde Canales hizo lo que los che fueron incapaces de hacer frente al equipo sevillano, es decir, disparar a portería desde fuera del área. También podríamos quitar el "a portería" de la frase anterior y seguiría siendo igual de veraz. A partir del gol, procedieron unos buenos minutos del Valencia, con mucha movilidad de los jugadores ofensivos, y continuas caídas al centro del campo, a apoyar y a defender, de Sergio Canales, que recupera confianza y sensaciones, y está convirtiéndose en uno de los virtuosos del equipo. Pero Piatti representa lo que pasó en estos buenos minutos de juego: empieza mucho, con intención y actitud, y apenas termina en condiciones alguna jugada: escoge mal, o lo que es peor, no llega ni a escoger (porque la pierde antes). Aun así, el equipo se vio partido en dos, con Maduro y Banega incapaces de imponerse en labores defensivas; y un Granada excesivamente replegado (defensa por acumulación) que salía con rapidez y premura, aunque sin lucidez, al contraataque. Después llegó la relajación del Valencia, algunas ocasiones del equipo andaluz, y una ligera recuperación en el juego del conjunto valenciano.

La segunda parte creo que la podríamos calificar directamente de patética. No patética en el sentido cariñoso del término (los patéticos verdaderos tienen mucho tirón), sino en el bochornoso. Tampoco podría señalar a ningún jugador del Valencia por un mal partido, no me pareció que nadie lo hiciera mal; en cambio faltó actitud y ambición y especialmente juego en equipo: rapidez en combinaciones, ayudas y desmarques, fluidez, ligereza, inteligencia, pensar un par de segundos antes, pensar. El Valencia pudo anotar, pero también el Granada. Tanto es así, que probablemente los dos mejores futbolistas del partido fueron los porteros: Vicente Guaita y Roberto Fernández. El excesivo conformismo, la siesta colectiva, las victorias con la gorra y por la mínima; si bien son puntos sumados definitorios para la clasificación general, dejan un sabor de boca agridulce para los menos conformistas, los que desean vibrar con el juego, cuanto menos la actitud, de su equipo. Una ligera decepción se apodera de su pensamiento: le conmociona porque a pesar de saber que lo importante en la vida es vivir, en la competición ganar; el ser humano siempre busca algo más, algo que no tiene y piensa puede conseguir, o al menos intentarlo.



(Me quedo con la autocrítica de Vetusta Morla)

Foto: www.terra.es

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